Hotel Landa Info
Amenities
Crowd
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LGBTQ+ friendly
Other
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Pool
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Free parking
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Free Wi-Fi
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Air-conditioned
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Star rating
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Check-out time
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Check-in time
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LGBTQ+ friendly
Amenities
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Free Wi-Fi
Best KPortal Reviews
Lo que lees en la página web y lo que ves en redes sociales no le hacen justicia a este lugar. Nos ha parecido majestuoso, especial, un oasis medieval con gran atención al detalle que no deja indiferente a nadie.
Nos alojamos por una noche y desde que llegas te hacen sentir muy especial. Los ambientes son muy acogedores, el servicio muy amable y la gastronomía también acompaña a toda esta experiencia. La piscina con aires góticos es toda una joya y la naturaleza te brinda esa sensación de paz que muchos buscamos al viajar.
Quedamos con ganas de volver.
Horrible el servicio en restaurante. Casi 2 horas para un plato por persona. Tuvimos que levantarnos después de 30min para que limpiaran la mesa y nos tomaran nota. Tardaron otra media hora. Otra media hora esperando a tomar nota de los postres. Finalmente nos fuimos sin postres. Sólo puedes pedir al "maitre", no a los camareros, y éste desaparece o está desbordado. Horrible experiencia, no volveremos.
Me he alojado en el hotel tres o cuatro veces, lo que te da acceso a una piscina cubierta maravillosa. Las habitaciones, muy grandes, hay algunas con dos cuartos de baño. Los desayunos super abundantes, siempre nos llevamos algo de la fruta que sirven, para tomarla más tarde, durante el viaje.
Observo que la mayor parte de criticas se refiere al servicio de bar,y desde luego, no lo recomiendo como bar de paso, no es a lo que se dedica el Landa, que requiere un tiempo de espera superior al de la cafetería de una estación de servicio. Si van con prisa, paren en otro sitio, sobre todo en verano y fechas y horas punta.
Servicio horroroso, de los peores que recuerdo. Queríamos compartir el plato de morcilla con huevo y tardaron media hora en traernos dos platos. Incluso una trabajadora a la que insistimos nos despachó diciendo que lo pidiéramos a un compañero sin interesarse. Tras esa media hora, aún nos faltaban los riñones de cordero y al preguntar, dijeron que no les quedaban. Por último, vimos a una mujer tan harta como nosotros que fue a quejarse al metre, y este directamente ni le miraba a la cara, y en cuanto se dio la vuelta, comentó con chulería :” has oído a esta”? con otro camarero. Una auténtica vergüenza y un despropósito. Desde luego nosotros no volveremos.
El hotel es precioso, nosotros paramos a tomar algo, si das un paseo por los jardines el ruido de los coches no pasa desapercibido. Estuvimos 30 minutos esperando a ser servidos y nos levantamos porque no nos atendieron. Es increíble que un hotel con estas características tenga un servicio tan pésimo. Me encantaría volver a pasar una noche pero me iría a tomar un café a la gasolinera de enfrente y a comer a Burgos. Una pena
Mal servicio y oferta muy sencilla subida de precio por su popularidad. Una morcilla muy rica, pero 2 huevos fritos muy sin más que vienen sin pan ni patatas por 12€. El sitio es precioso. Pero hay cola para entrar. El resto de la comida es regulera (un pepito de ternera muy pequeño y seco por 7€)
En tierras de Burgos, donde las leyendas del Cid aún resuenan, yace el noble Hotel Landa, castillo de reposo para viajeros y paladines de modernas andanzas. Con su torreón mirando al cielo, desafía el paso del tiempo, guardián de historias y encuentros.
Desde el primer umbral cruzado, la magia del Landa envuelve al huésped en su manto; sus muros de piedra susurran cuentos de antaño y promesas de un descanso sin igual. Cada rincón, cada estancia, es un canto a la tradición y al buen hacer, donde el lujo y la calidez de hogar se entrelazan como en las epopeyas de antiguos héroes.
Las alcobas, fieles escuderas de la noche, son refugio de sueños y descanso, decoradas con el mimo de quien conoce la importancia de los detalles. Allí, entre sábanas y almohadas, el viajero encuentra paz y serenidad, y en el amanecer, la promesa de un nuevo día lleno de aventuras.
En el festín, el Landa se revela en todo su esplendor, con manjares dignos de los banquetes de reyes pasados. La morcilla, tesoro de la tierra, los huevos de dorada yema, y postres que son dulce colofón de cada ágape, se sirven con gracia y destreza por escuderos de rojo ataviados.
Mas no es solo el paladar el que en Landa se deleita; sus jardines, sus piscinas, son oasis donde el cuerpo halla descanso y la mente, inspiración. Bajo el sol o la luna, el agua acaricia la fatiga del camino, y en su frescura, el viajero renace.
Oh, Landa, fortaleza de hospitalidad, donde cada piedra, cada plato, cada sonrisa, es un homenaje al buen vivir. Que tu leyenda crezca y perdure, como el cantar de nuestro Cid, emblema de virtud y honor, en la memoria de aquellos que, por fortuna, tus puertas crucen.
Teniendo sitio dentro, nos hacen esperar fuera debajo de un porche a 4 grados y lloviendo, nos toman nota para llamarnos para desayunar. 2 bebes esperando en la calle, no me vale que es la vuelta de semana santa, deben de preveerlo y meter más personal, y sobre todo acomodar al cliente dentro a resguardo que creo que para ser uno de los hoteles-restaurantes de Burgos más caros deben de ofrecer un servicio excepcional.
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